domingo, 24 de enero de 2010

Cuarto día de clase

Una de las mejores clases de mi vida, conseguí sacar alguna que otra sonrisica y lo que es más importante, me las consiguieron sacar a mí, que aunque por aquí no me apetezca hablar acerca de mi vida personal más allá del clown, la verdad es que me hacía bastante falta que alguien me hiciera reír como pasó en la última clase.
La verdad es que ya hace bastante tiempo que ha pasado desde esa clase y tengo la memoria un poco despistada, así que me va a costar un poco contar como fue la clase, no obstante allá vamos.




Comenzamos con el clásico calentamiento que ya nuestro profesor nos tiene acostumbrados, una vez finalizado, iniciamos un juego de confianza. El juego básicamente era sobre dos compañeros uno con los ojos cerrados simulaba ser un coche, y el otro compañero, su conductor con los ojos abiertos, el cual, palpaba partes del cuerpo del coche y le guiaba a éste. En ningún momento se puede hablar y en la mitad del juego se intercambian los papeles. Pudimos descubrir muchas cosas como lo difícil que es moverse con los ojos cerrados, el trabajo que cuesta el confiar en alguien. Esto me hizo replantearme ciertas preguntas como en cuantas personas verdaderamente confío y cuanto tiempo necesito para poder confiar en alguien.
Después de este juego realizamos otra rutina que consistía en salir a actuar imitando que tenías un bebé en las manos y al sonido de un tambor tenías que actuar como si el bebé fuera el público.
Nuestro profesor quiso puntualizar varias cosas, lo primero que desde que nos mandan salir al escenario hasta que salimos tiene que pasar un tiempo, no muy excesivo, sin salir al escenario corriendo según nos nombran. Lo segundo es que antes de salir a actuar debemos de concentrarnos en lo que vamos a hacer y controlar la respiración (yo hice esto último y la verdad es que me fue bastante bien). Bajo estas normas salimos todos a actuar con el sonido de un tambor. La verdad es que la experiencia que me dejó esta rutina, la felicidad de después de actuar, y la risa que me arrancaron los compañeros fue todo mágico. Nuestro profesor nos pinchaba mientras actuábamos para que lo diéramos todo, para que soltáramos todas nuestras energías en el escenario y fue eso lo que nos hizo reír tanto. En definitiva, algo mágico.

Para terminar la clase hicimos un juego que consistía en que nos tumbábamos todos pegados los unos con los otros. Entonces el último de la fila se montaba encima del resto y estos, los tumbados, giraban sobre ellos mismos para mover al compañero. Un juego bastante divertido, que nos hizo reír como nunca.

Al terminar el juego todos nos tumbamos y nos relajamos con una rutina a la que ya estamos acostumbrados y que nos funciona bastante bien. La verdad es que disfruté muchísimo de esa clase.

Las frases que recoge el día son dos y vinieron de la boca del profesor:

- Aquí las cosas se hacen o no se hacen, ¡pero a medias nunca!

- Si os fijáis bien ya os podéis percatar de que cada uno tiene su clown personal, y que está siendo formado por cada uno de vosotros.

Y la conversación que me hizo llorar de la risa fue:

-Shhh!! el niño quiere dormir.

-¡Qué va! el niño no puede dormir.

-Claro que no puede dormir, ¡¡con el ruido que estás montando con el tambor, no me extraña!!


Y ya me despido de vosotros hasta la próxima clase, y como siempre deseo que seáis felices, que sonriáis mucho, y que os metáis la camisa por dentro del pantalón.

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